El presente fragmento forma parte de los borradores utilizados para la formulación del marco teórico de la tesis “Los movimientos apostólicos y devocionales católicos de la Ciudad de Oaxaca: prestaciones de la orientación del sentido religioso.” Parte de estos materiales se utilizaron también como base para el artículo “La sociología de la complejidad de Niklas Luhmann” publicado en el libro La teoría sociológica contemporánea: un debate inconcluso editado por Adriana García y publicado en México por la UAM-Azcapotzalco (2006)
♦♦♦
A continuación presentamos un panorama general de la teoría de sistemas de Luhmann seguido de los principales planteamientos del autor sobre la relación entre comunicación y sociedad. Finalmente aplicaremos la teoría de los sistemas societales de comunicación al fenómeno religioso a fin de tener una representación lo más clara posible de nuestro objeto de estudio. Teniendo en cuenta el considerable grado de abstracción que una teoría como la de Luhmann posee, no profundizaremos en los temas más allá de lo necesario ni tocaremos, por el momento, temas que son “colaterales” al fenómeno religioso. Nuestro interés principal es introducir al lector en la semántica de la teoría para poder así invitarlo a observar con nosotros durante el recorrido de nuestra investigación las formas diversas en las que se entretejen la manifestaciones cotidianas de la religiosidad y la vida espiritual en Oaxaca.
Distinción Sistema / Entorno.
Desde su fundación con Ludwig von Bertalanffy (1901-1972), la teoría general de sistemas ha atravesado por una serie de conceptualizaciones acerca de cómo representarnos la realidad bajo la premisa de la existencia de los sistemas. Este punto de partida nos obliga a considerar a todo cuanto existe en el mundo, desde los átomos hasta el lenguaje, como productos de la operación simultánea de diferentes sistemas. No nos ocuparemos aquí de los pormenores de este recorrido, baste señalar que para el estado actual de la investigación – de la cual Luhmann fue un participante activo- el sistema puede ser considerado, desde el punto de vista de su organización, como una operación recursiva que produce realidades bajo la forma de distinciones.
Podemos decir que estamos en posibilidad de hablar de un sistema cuando identificamos un tipo particular de operación que, habiendo surgido de un cierto estado de cosas en el mundo, logra distinguirse de ellas especificándose sobre la base de sí misma. Esta forma de constitución autónoma genera redundancias que le permiten reactivar la diferencia inicial con todo cuanto ha quedado de ella excluido y que se ha convertido, por obra de esta distinción, en entorno de la operación. Dicho de otro modo, un sistema adquiere realidad cuando a partir de estados de cosas pretéritos una operación de un tipo específico es capaz de enlazarse recursivamente con operaciones del mismo tipo, estableciendo una frontera entre ella y su entorno. Siguiendo la terminología del biólogo chileno Humberto Maturana (1999), el sistema se auto-reproduce mediante este enlazamiento selectivo de operaciones del mismo tipo que siempre están determinadas por su estructura y su organización. De lo anterior podemos inferir que un sistema es siempre el producto de la actualización más o menos estable de la distinción entre el sistema y el entorno. Estas disposiciones de teoría nos obligan a asumir que el sistema no debe ser considerado como unidad ontológicamente determinada sino como la diferencia lógica que resulta al reconocer que sistema y entorno son dos aspectos distintos de una misma operación: constituyen una forma binaria donde ambos lados se presuponen sin determinarse.
Consideradas desde una perspectiva cibernética de segundo orden, las operaciones que constituyen al sistema son siempre operaciones de observación a través de las cuales el sistema opera distinciones en el entorno construyendo realidades. Siguiendo a George Spencer Brown (1979) entendemos por distinción la forma binaria que adquiere un cálculo matemático (operación) en la que simultáneamente se destaca un elemento de un contexto (distinción) dejando señalados (indicados) los elementos restantes como posibles selecciones de una futura distinción. Trasladando esta figura matemática al caso de los sistemas, podemos establecer que toda operación traza una frontera entre lo que se ha distinguido en el entorno (distinción) y lo que ha sido excluido como posible contenido de una distinción futura (indicación). De ahí que, como veremos más adelante para el caso de la comunicación, toda información producida constituye una operación de observación mediante la cual se subraya la forma binaria distinción / indicación: la distinción “la mujer tiene más sensibilidad que el varón” incluye como contenido informativo aquellos elementos del entorno que han sido destacados como tema de comunicación (en este caso, la sensibilidad de la mujer en oposición a la del varón); con ello, simultáneamente, deja indicados a los elementos restantes como posibilidades para una futura tematización dentro de la comunicación.
La totalidad de las posibilidades de enlazamiento de distinciones (operaciones) que “soporta” el sistema constituyen sus elementos estructurales. Siguiendo tradición sistémica podemos definir una estructura como la red de elementos que se encuentran selectivamente relacionados entre sí y que generan una organización de un tipo particular. Esta organización es, de hecho, el sistema. Los elementos y relaciones “admitidas” por él conforman un dispositivo de selección (código) capaz de discriminar entre los elementos del entorno que se pueden asimilar a la complejidad interna del sistema bajo la forma de distinciones y aquellos que son excluidos pero que permanecen en el telón de fondo de la operación.
Autorreferencia
Bajo estas consideraciones podemos adjudicar al sistema ciertas propiedades que se derivan de su operación:
Clausura operativa: los sistemas operan siempre en condiciones de clausura ya que sólo cuando una operación logra aislarse con respecto a su entorno puede especificarse a sí misma de manera recursiva y generar complejidad.
Autorreferencia: los sistemas operan siempre bajo el principio de la autorreferencia en el sentido que todas las operaciones del sistema se encuentran referidas a operaciones pretéritas y potenciales que se encuentran irremediablemente determinadas por su estructura, haciéndolo incapaz de distinguir aquello para lo que no se encuentra estructuralmente dispuesto.
Autopoiesis
Autopoiesis: la operación del sistema de define por una forma de organización en la que la red de elementos estructurales participan en la producción de sí mismos bajo la forma de excedentes de la operación que define al sistema. El sistema, por lo tanto, es capaz de reproducirse a partir de sus propias operaciones, prescindiendo de la intervención de elementos ajenos provenientes del entorno.
Estas propiedades del sistema cobran relevancia en los procesos de frontera ya que aunque sistema y entorno se implican mutuamente como “partes” o “lados” de una misma distinción, nunca se determinan ni se puede atribuir entre ellos relaciones de causalidad. Dado que para observar al entorno el sistema remite sus operaciones (observaciones) a sí mismo, el entorno jamás podrá determinar lo observado en él. El esquema de observación será siempre prerrogativa del sistema. Al observarlo, el sistema reduce la complejidad desorganizada del entorno, asimilándola a la suya propia (complejidad organizada). Por ello, toda observación producida por un sistema será siempre una “auto-observación” pues lo observado en el entorno corresponderá siempre – como una regla de duplicación (código)- al cúmulo de distinciones que el sistema es capaz de operar dados los elementos que conforman su estructura. Es así como cobra sentido uno de los principios básicos de la teoría de los sistemas autorreferenciales: un sistema sólo puede observar sus propias distinciones, o dicho de otra forma, un sistema sólo puede observar lo que puede observar. En la paradoja basal que subyace a la diferencia establecida desde la teoría entre sistema y entorno se resuelve de manera circular la distinción entre autorreferencia y heterorreferencia ya que todo sistema implica la observación de un entorno que a su vez implica (al menos) un sistema observante.
Sociedad
Desde hace ya varios años la sociología atraviesa por un periodo de debate acerca de cuestiones internas que tienen que ver con el estatuto que guarda la acción con respecto a si todavía se puede explicar convincentemente a partir de ella cómo es posible el orden social. Este es un problema añejo que se remonta a la oposición entre las concepciones de sociedad que legaron los dos grandes clásicos de la sociología: Max Weber y Emile Durkheim. La teoría de Sistemas en Sociología representada por Luhmann ha establecido su propia postura al respecto favoreciendo una perspectiva que coloca a la comunicación como el elemento constitutivo de “lo social” desplazando a la acción como categoría sociológica base y confinándola a ser tratada e interpretada dentro de los límites de la comunicación.
Comunicación
Pero ¿qué es la comunicación? Siguiendo los planteamientos expuestos hasta ahora nos referiremos a ella como una operación recursiva, autónoma, capaz de determinarse y reproducirse a sí misma por medio su encadenamiento selectivo sin la intervención de elementos externos.
La comunicación es un sistema que se hace presente cuando es entendida la diferencia entre una información que se ha producido y las razones que se tienen para participar de dicha información. La comunicación es por tanto la operación que actualiza la diferencia entre información y notificación. Esta distinción se nos aparece bajo la forma de una síntesis de tres selecciones que ocurren de manera simultánea: 1) la selección de la información o aquello que se incluye como contenido comunicativo; 2) la selección de la notificación o las razones seleccionadas para participar del contenido informativo; y 3) la selección de entender (o no entender) la diferencia entre la acción de notificar y el contenido de la información; sin esta distinción la comunicación es prácticamente imposible pues quedaría reducida en el mejor de los casos a simple “ruido”.
Sentido
Atendiendo a la complejidad de la comunicación debemos desechar toda pretensión de ontologizarla: la comunicación no es materia que se pueda transferir, no tiene cuerpo por lo que no existen emisores ni receptores sino participantes de un orden autónomo que coordina y delimita sus posibilidades de intervención. El sistema discrimina qué expectativas de comunicación pueden ser actualizadas y enlazarse a las comunicaciones precedentes. Toda comunicación actual trae consigo una comunicación potencial en tanto que abre un horizonte de posibilidades finitas dentro del cual habrá de operar la selección de la siguiente comunicación. Esto se hace posible gracias al sentido. Luhmann utiliza la distinción Medio / Forma proveniente de la teoría de la percepción a distancia de Fritz Heider para definir al sentido como un conjunto de elementos acoplados de manera inespecífica (laxa) que sirve como medium para la condensación de formas comunicativas. La forma se impone a los elementos del medio relacionándolos de manera estricta, otorgándoles especificidad. El sentido es el medium donde se condensa la forma comunicativa, es un universo acotado de posibilidades para la autopoiesis del sistema. Lo que se distingue en la comunicación no es el sentido pero gracias al sentido opera la distinción.
La comunicación cuenta además con la posibilidad de adjudicar responsabilidades al especificar a quién se reconoce como productor de qué información. Con ello, la comunicación reconstruye en su interior a los participantes bajo la forma de personas, esto es, herramientas del sistema que funcionan como unidades de atribución de responsabilidad que facilitan la comprensión y direccionalidad de la información. Por persona no debemos entender al sistema psíquico ni al organismo al que se encuentra acoplado: las personas son comunicaciones que duplican a los individuos “reales” y que sirven para orientar el sentido de la comunicación de cuya producción se les ha hecho responsables.
No es posible por todo lo antes mencionado reducir a la comunicación a una simple extensión de la conciencia ya que lo psíquico y lo comunicativo constituyen operaciones sistémicas diferentes: la conciencia opera enlazando pensamiento mientras que la comunicación sólo produce comunicación. Ni el pensamiento es capaz de comunicar ni la comunicación puede pensar, mas esto no impide que la conciencia pueda participar del sistema de la comunicación y que la comunicación sea capaz de tematizar sobre los estados de conciencia de los participantes.
Diferenciación funcional de la sociedad
Es esta realidad de suyo propia la que según Luhmann constituye el único elemento, el único tipo de operación que conforma a la sociedad. Aquello que la sociología tenga que decir acerca de “lo social” deberá primero decirlo acerca de la comunicación. Una primera consideración a este respecto es el hecho de que la comunicación es un evento omniabarcante, irreductible a estados de conciencia particulares o a limitaciones lingüísticas, institucionales, históricas o geográficas. Aquello que define lo que la comunicación es, aplica a todas las comunicaciones que se producen pues es lo que las hace ser comunicación y no otra cosa. En el mismo sentido, al hablar de sociedad sólo podemos referirnos a ella como “sociedad universal” ya que no existen “diferentes sociedades” bajo la forma de diferentes tipos de comunicación. Lo que existe son parcializaciones funcionales de comunicación organizadas como sub-sistemas (sistemas sociales) que comparten las mismas propiedades del sistema omniabarcante de comunicación y cuyo referente semántico es lo que conocemos como decisiones políticas, transacciones económicas, obras de arte, teorías científicas, relaciones amorosas, controversias jurídicas y todo cuanto involucra y comprende al orden de los llamados “fenómenos” sociales, incluyendo las manifestaciones religiosas.